"Cuando nuestras figuras de apego no “ven” nuestra mente, cuando no hay resonancia con nuestros mundos internos y ellos no nos demuestran en sus caras y cuerpos un reflejo de lo que somos (realmente), entonces es cuando nos deslizamos hacia un estado de desconexión..."
Daniel Siegel, Cerebro y mindfulness
Según estudios paralelos al desarrollo de los niños, los que muestran un firme apego logran, al parecer, muchos resultados positivos, a saber: más flexibilidad emocional, más sociabilidad y más capacidades cognoscitivas. Algunos estudios sugieren que el apego firme produce una cierta forma de resistencia frente a las futuras adversidades. Otros, en cambio, dicen que es posible que las distintas formas de inseguridad en el apego tengan como consecuencia la rigidez emocional, la dificultad para establecer relaciones sociales, los desórdenes de la atención, la dificultad para comprender las opiniones de los demás y problemas ante situaciones de tensión nerviosa. El apego, acompañado de inseguridad, puede predisponer al niño a una vulnerabilidad psicológica. Extractos del artículo "Los Padres y una Correcta Formación Neurológica" de Daniel Siegel.
El apego es la forma en la que somos acogidos y el cómo nuestros cuidadores se relacionan con nosotros; creándonos la percepción de seguridad o inseguridad. La clave terapéutica es enseñar a los padres a estar disponibles emocionalmente para sus hijos.



