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Algunos niños comen demasiado y están demasiado obesos.
Algunos alcanzan tales niveles de ansiedad que no pueden dar lo mejor de sí mismos en la escuela.
Algunos se inquietan tanto cuando intentan dormirse que su inquietud deriva en una deprivación crónica del sueño.
Estas son conductas disfuncionales comunes que acaban formando parte de las preocupaciones diarias de los padres que intentan poner en práctica todo lo que saben para ayudar a sus hijos. Los padres pueden pensar, es solo una etapa, el niño crecerá y el problema desaparecerá. Pero puede llegar a ser necesaria una ayuda profesional para orientar a los niños durante el curso normal de su desarrollo.

Para el público general, la palabra "trauma" se asocia a guerras, crímenes violentos, terremotos... Sin embargo, hay experiencias más corrientes, como la muerte de un abuelo, tener piojos o ser criticado públicamente por un profesor, que pueden causar alguna sintomatología persistente y profunda en niños de corta edad. Estos problemas si no se tratan, suelen empeorar con el tiempo. Los niños no lo superan por el mero paso del tiempo.
Estos niños mejoran cuando se tratan con EMDR.

Dra Francine Shapiro, en el prologo al libro curación del trauma infantil.

Los niños son extremádamente vulnerables a los acontecimientos traumáticos y muchos acontecimientos que los adultos consideramos ordinarios, ellos los experimentan como amenazantes para su vida

La primera infancia está repleta de intentos repetidos, fracasos, y finalmente éxitos en el aprendizaje del gateo, andar, hablar, relacionarse con los demás y alcance paulatino de autonomía en un mundo potencialmente peligroso. Para lograr todas estas conquistas es necesario tener enraizada la creencia soy digno de ser querido, soy valioso, merezco que me cuiden, estoy seguro". estas creencias aportan la seguridad y valentía para arriesgarse ante los peligros inherentes al crecimiento hacia la independencia. El trauma incluso tratándose de un insignificante acontecimiento como la llamada de atención de un profesor, una imagen impactante de una película, el atragantamiento con una pieza de comida, la muerte de un abuelo, o experiencias tempranas de las que no hay aparentemente memorias durante la gestación o el parto, y traumas mayores como accidentes de tráfico o catástrofes instalan creencias de estoy en peligro, no soy querido... que impactan en todo el desarrollo y los retos que los niños deben ir conquistando.

La adaptación de EMDR a los niños permite ayudarlos a recuperar el equilibrio perdido, a recuperar la seguridad para que puedan seguir con el proprio crecimiento.

En la medida que el trauma sea más simple y el niño tenga un entorno seguro y un apego adecuado, es decir haya tenido un comienzo saludable física y psicológicamente antes será la recuperación y más rápido y efectivo será el tratamiento. A mayor trauma y desestructuración es necesaria una intervención mayor. Y la colaboración de los padres durante la terapia es imprescindible para afianzar esas creencias positivas que se convierten en el timón de nuestra vida.